Historias matrimonio infantil de Estados Unidos

EE.UU.: Cacería de brujas asesina “Delincuentes sexuales” marcados por el estado: Parias de por vida (Febrero de 2014)

2016.06.05 19:48 ShaunaDorothy EE.UU.: Cacería de brujas asesina “Delincuentes sexuales” marcados por el estado: Parias de por vida (Febrero de 2014)

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Espartaco No. 40 Febrero de 2014
Durante las últimas décadas, la policía sexual de este país ha capturado a cerca de un millón de personas. Se les encarcela, se les humilla públicamente y se les pone en peligro mediante los registros de “delincuentes sexuales” en Internet, se les rastrea con tobilleras de GPS, se les expulsa de sus propias comunidades y se les obliga a vivir bajo los puentes o en los bosques. Se han convertido en parias sociales, en los leprosos de la actualidad.
Incluso mientras el matrimonio gay —y los boy scouts (abiertamente) gays— son cada vez más aceptados, el esfuerzo de los gobernantes por legislar el sexo y la “moralidad” parece no tener fin. Su más reciente expresión es el frenesí azuzado contra un supuesto brote de incorregibles “depredadores sexuales”, especialmente los que supuestamente tienen como blanco a niños en Internet (es decir, un mundo fantástico) o a través de la pornografía (también pura fantasía). No hay tal epidemia; sin embargo, parece haber un gran número de policías infiltrados al acecho en los chat rooms. Se ha victimizado a miles sólo por mirar pornografía o por intentar comunicarse con otros, por no hablar del sexo consensual con menores, nada de lo cual sería un crimen en una sociedad racional.
Tal como ocurrió con la histeria de los años ochenta y noventa sobre las supuestas redes satánicas de abuso de menores en las guarderías, el depredador de Internet es un mito manufacturado por el gobierno y los medios. Incitando y manipulando el miedo y las actitudes sociales atrasadas, su finalidad subyacente es legitimar y fortalecer los poderes del estado capitalista. Mientras los políticos demócratas y republicanos sermonean sobre “proteger a nuestra niñez”, los imperialistas estadounidenses bombardean a niños en todo el mundo y millones pasan hambre incluso en este país, donde la tasa de mortalidad infantil llega al lugar 51 del mundo.
Entre las innovaciones legales más perniciosas, diseñadas para aumentar el control del gobierno, están las leyes federales que firmó el presidente demócrata Bill Clinton a mediados de los noventa y que le exigen a los delincuentes sexuales liberados que se registren en Internet y notifiquen a la comunidad su paradero. Otro estatuto le exige a las autoridades estatales que transmitan sus datos y huellas digitales al FBI para que éste forme una base de datos nacional. También está el “confinamiento civil”, que permite mantener a los prisioneros recluidos más allá del término de sus sentencias. Con estas leyes, los convictos de delitos sexuales se ven inmersos en un laberinto kafkiano de presunta culpabilidad, ostracismo social, castigos preventivos, miedo y violencia, frecuentemente de por vida.
Para Charles Parker de Jonesville, Carolina del Sur, y para su esposa, registrarse como delincuente sexual fue una sentencia de muerte. En julio, Jeremy Moody halló el nombre de Parker en el registro y ubicó su hogar en un mapa, se dirigió ahí y disparó y apuñaló a la pareja. “No he venido a robarte. He venido a matarte porque eres un abusador de niños”, dijo Moody, quien tiene la palabra “skinhead” [cabeza rapada] tatuada en el cuello. (Parker no había sido convicto por abuso de menores.) Posteriormente, Moody admitió que se preparaba para matar a otra persona que figuraba en el registro.
Un caso de estudio: Los Friedman
Hace poco volvió a las noticias el caso de Arnold Friedman y su hijo adolescente Jesse, documentado en la escalofriante película nominada al Oscar de 2003 Capturando a los Friedman. La película muestra cómo los dos hombres de Long Island, víctimas del abuso policiaco, la histeria de la comunidad y el sesgo judicial, fueron obligados a confesar en falso decenas de casos de abuso de menores que supuestamente ocurrieron en las clases de computación de Arnold, con la ayuda de Jesse. Un amigo adolescente de éste, Ross Goldstein, también fue condenado a trece meses de prisión tras ser obligado a confesar y a hacer acusaciones falsas contra Jesse.
Los cargos de esa cacería de brujas iban desde lo inverosímil hasta lo imposible. Como lo puso Jesse Friedman, un niño de diez años que asistía a las clases semanalmente alegó que había sido forzado a tener sexo anal u oral 30 veces en un periodo de diez semanas y —tras reinscribirse— fue violado 41 veces a lo largo del siguiente año. Entre lo que un cargo describía como abusos en grupo se incluía el “salto de rana”, en el cual Arnold y Jesse supuestamente sodomizaban a toda la clase de niños desnudos saltando de uno al otro. Pese a las historias de violencia física, abuso verbal y sexo forzado frente a toda la clase, no se presentó una sola evidencia: ni moretones ni ropa manchada de sangre. Ni uno solo de los padres expresó la menor sospecha hasta que la policía llegó a sus casas a interrogar a sus hijos.
El único hecho incuestionable es que en 1987 los agentes aduanales interceptaron un paquete dirigido a Arnold Friedman que contenía pornografía infantil, lo que llevó a la policía a allanar el hogar de los Friedman en el suburbio de Nueva York de Great Neck. La policía confiscó unas 20 revistas de pornografía infantil tomadas de varias partes de la casa y una lista de los niños que asistían a las clases de Arnold.
¡Al poseer pornografía infantil, Arnold Friedman no cometió crimen alguno! Fotografías, sexo de fantasía, entretenimiento: la pornografía no hace daño a nadie. ¿Cuántos de nosotros podríamos librarnos de la prisión si los “pensamientos desviados” se castigaran con cárcel? Al contrario de ciertos feministas y de los maoístas del Revolutionary Communist Party [Partido Comunista Revolucionario], quienes quisieran prohibir la pornografía sobre la espuria base de que provoca violencia contra la mujer, nosotros reconocemos que las leyes antipornografía dañan a todos al legitimar la censura y desatar la interferencia estatal en la vida privada. Nos oponemos a las leyes contra la pornografía y a las leyes contra los “crímenes sin víctimas”, como la prostitución, las drogas y las apuestas. ¡El gobierno debería sacar los ojos, oídos y narices de las alcobas y de las vidas privadas de la gente!
Según la retorcida lógica que esta sociedad promueve, Arnold Friedman, espectador de pornografía, debía ser por lo tanto un abusador de menores, por lo que fue condenado a una sentencia de diez a 30 años de prisión y murió en la cárcel en 1995, aparentemente por suicidio. Jesse recibió una sentencia de seis a 18 años tras las rejas. Lo liberaron en 2001 después de trece años, sólo para que comenzara una cadena perpetua de persecución legal y social.
Ya antes de que comenzara el juicio, las autoridades promovieron la noción de que cada uno de los estudiantes de Arnold debía ser considerado una víctima. Cientos de padres de familia histéricos se apiñaron en reuniones comunitarias exigiendo asesoría sobre cómo ayudar a sus hijos. Se les dijo que fueran a terapia. Años después, muchas supuestas víctimas testificaron respecto al terrible daño que sufrieron ellos y sus familias cuando el estado los obligó a inventar historias, y luego por la subsiguiente “terapia” basada en esas ficciones.
En 2013, la oficina del mismo fiscal que condenó a los Friedman revisó el caso en respuesta a una acusación de calumnia que el Tribunal de Apelaciones del II Distrito emitió en 2010. El tribunal escribió: “Aquí las actas indican una ‘probabilidad razonable’ de que Jesse Friedman fuera injustamente sentenciado”. Para la revisión de la fiscalía, Ross Goldstein (a quien los documentos legales se refieren como Kenneth Doe) habló por primera vez en 23 años. En un documento de nueve páginas dirigido al fiscal de distrito, afirmó: “Ninguno de los sucesos que Kenneth Doe supuestamente describió o que se atribuyen a él tuvo lugar en realidad”. Goldstein reunió a numerosos ex alumnos que hoy afirman que en las clases no ocurrió absolutamente nada y que la policía los intimidó para que rindieran falsos testimonios. Sin embargo (predeciblemente), el resultado del autoexamen fue que la oficina del fiscal se absolvió a sí misma de cualquier falta en el proceso.
La sexualidad infantil y el estado
El caso Friedman, una tragedia incesante para toda una familia, subraya varias cuestiones políticas importantes. El enfoque de la Spartacist League deriva de nuestra concepción marxista del mundo y nos enfrenta con el moralismo burgués y con frecuencia también con muchos grupos autodenominados socialistas. La sexualidad humana es muy amplia, pero su práctica está condicionada por cada sociedad particular. La sociedad burguesa estadounidense, con su componente de fanatismo religioso, destina una cantidad considerable de energía a delimitar los apetitos sexuales en nombre del orden social. Con sus policías, jueces y prisiones, la intervención del estado en las relaciones sexuales privadas tiene como fin imponer la moralidad que profesa la burguesía, y con frecuencia transforma una experiencia inofensiva y muchas veces positiva en una pesadilla. El estado burgués no es ni un árbitro neutral ni un protector de la ciudadanía; existe para asegurar la conservación del dominio capitalista.
La premisa de muchas leyes contra el sexo es que los niños son seres asexuales. De manera absurda, los púberes y los adolescentes con las hormonas desbocadas son considerados niños. De hecho, la sexualidad es parte de la constitución humana desde la infancia. Como discutimos con amplitud en el artículo “Unholy Alliance of Feminists and Christian Right—Satan, the State and Anti-Sex Hysteria” (La impía alianza de los feministas y la derecha cristiana—Satanás, el estado y la histeria antisexo, Women and Revolution No. 45, invierno-primavera de 1996), los niños son pequeños animales inquisitivos que en su camino a la madurez llevan a cabo experiencias y observaciones sexuales y de todo tipo. Tal como ocurre con otras especies de primates, el sexo entre los humanos tiene un amplio componente de aprendizaje. Hoy, en gran parte del país se le niega a la juventud el acceso oportuno a los métodos anticonceptivos y a la educación sexual, dejándola vulnerable a los embarazos no deseados y a las enfermedades de transmisión sexual. Si intenta actuar como la televisión e Internet le enseña, se mete en problemas.
Las leyes contra el estupro varían mucho de un estado a otro, pero todas criminalizan toda actividad que un tribunal considere sexual por el solo hecho de que un menor (alguien que no haya llegado a la “edad de consentimiento”) participe en ella, independientemente de si lo que suceda sea o no consensual. La ley mezcla deliberadamente el sexo consensual con el ataque sexual violento y con la violación. Cualquiera que sea hallado culpable de haber tenido sexo con un menor, o cualquier cosa considerada contacto sexual, se considera automáticamente un delincuente violento. La designación “depredador” puede aplicarse cuando un tribunal decide que una relación fue establecida o promovida con fines de “victimización”.
El único lineamiento para cualquier relación sexual debería ser el consentimiento efectivo —es decir, el entendimiento mutuo de las partes participantes— independientemente de la edad, el género o la preferencia sexual. Sin duda, determinar incluso lo más básico —por ejemplo, si un acto tuvo lugar realmente y si fue consensual— puede ser problemático a veces. Y ciertamente hay muchos casos en que la víctima de una violación o de un abuso violento puede recurrir a la ley. Al mismo tiempo, como alguna vez comentó el dramaturgo irlandés Brendan Behan en un contexto diferente: “Nunca he visto una situación tan terrible que un policía no pueda empeorar”. Además, desentrañar las cuestiones de la sexualidad humana del entramado de prejuicios sociales es casi imposible en esta sociedad dividida en clases y razas. Libre de la crueldad y la fría indiferencia que resultan de la búsqueda de ganancia, una sociedad socialista buscaría un enfoque científico a estas cuestiones difíciles.
Enciérrenlos...
Las leyes antisexo han creado una enorme masa de blancos potenciales, alimentando pesquisas con vastas sumas de dinero para trabajo encubierto y alentando procesos fraudulentos mediante el uso de oscuras invenciones siquiátricas y “testigos expertos”. En consecuencia, cada vez más víctimas caen en las fauces del sistema carcelario estadounidense, que ya es el mayor del mundo. Las cifras de la guerra contra los “depravados” sexuales se suman a las de la anterior “guerra contra el crimen” y a la continua “guerra contra las drogas”, eufemismos para nombrar la persecución legal racista que ha cuadruplicado la población carcelaria a cerca de 2.2 millones de personas al día de hoy, de las cuales casi la mitad son negras.
Desde los años setenta hasta hoy, el número de personas encarceladas como delincuentes sexuales se ha multiplicado. El libro Sex Panic and the Punitive State (Pánico sexual y el estado punitivo, University of California Press, 2011), de Roger N. Lancaster, aporta una investigación útil que describe el desarrollo de estos pánicos y muestra con precisión cuán vasto es el archipiélago de víctimas de la persecución sexual estatal. Lancaster escribe: “Nacionalmente, los casos reportados de abuso infantil saltaron de seis mil en 1976 a 113 mil en 1985 y a 350 mil en 1988: la cifra se multiplicó 58 veces en doce años”. Apuntando al terror irracional al “desconocido que acecha”, en un artículo publicado en el New York Times del 20 de agosto de 2011 titulado “Sex Offenders: The Last Pariahs” [Delincuentes sexuales: Los últimos parias], señaló: “El riesgo de que un niño sea asesinado por un depredador sexual desconocido es comparable al de morir fulminado por un rayo”. Lancaster también señala que “la mayoría de los perpetradores de abusos sexuales son miembros de la familia, parientes cercanos, amigos o conocidos de la familia de la víctima”.
Las cacerías de brujas antisexo han sido usadas para deshacerse de elementos básicos que los estadounidenses habían aprendido a considerar inherentes a la democracia, así como la “guerra contra el terrorismo” ha destripado toda una gama de derechos constitucionales. Como puede verse en el caso Friedman, lo primero que se pierde es la privacidad, seguida de la presunción de inocencia, cuando los acusados son satanizados. Luego se marca a los convictos de por vida. Hoy, cerca de 750 mil personas están en el registro de Internet que instituyó la “Ley Megan” de la era Clinton, promulgada tras el brutal asesinato de la pequeña Megan Kanka de siete años en un ataque sexual en 1994.
Al salir de la cárcel, Jesse Friedman —quien para empezar no había hecho nada— fue clasificado como “depredador sexual violento nivel III”, es decir, como alguien en alto riesgo de reincidir y como una amenaza a la seguridad pública. Como tal, tuvo que abandonar su casa tres veces. Con respecto a las restricciones de residencia, que le prohíben la proximidad con niños, escribió en su página web: “Si miras un mapa, te darás cuenta de que eso significa prácticamente cualquier parte. En algunos estados y ciudades se me prohibiría estar en cualquier lugar ‘donde se sabe que los niños se congregan’, incluyendo bibliotecas, museos, acuarios, playas e incluso eventos deportivos públicos”. “La Ley Megan”, escribió, “es el exilio social”.
Otros miles han sido convertidos en parias de manera similar. En Southampton, un destino vacacional para las celebridades neoyorquinas y los tiburones de Wall Street, unos 40 hombres convictos de diversos delitos sexuales se ven obligados a vivir en dos tráilers alejados de los centros habitados. Sólo uno de los tráilers tiene regadera y los que viven en el otro tienen que tomar el autobús dos veces por semana para ducharse.
La novela agudamente realista de Russell Banks, Lost Memory of Skin (La memoria perdida de la piel, HarperCollins, 2011), explora el horrendo mundo de los nuevos parias. El héroe es un joven tímido e ingenuo al que se le llama “el Chico”, cuyo fiel compañero y único amigo es su iguana Iggy. El Chico va a conocer a “brandi18”, con quien había tratado sólo por Internet, sólo para encontrarse con que en casa de ella lo esperan el padre de Brandi y cinco policías. Tras ser arrestado y condenado, se halla a sí mismo sin hogar, viviendo bajo un puente junto a otros “delincuentes sexuales”, pepenando comida de los basureros. En nombre de políticos que buscan un encabezado de prensa, la policía allana incluso ese lugar diminuto, sucio y semioculto, con resultados trágicos. A estos hombres del puente se les obliga implacablemente a recargar constantemente sus tobilleras de monitoreo:
“Toma media hora cargar completamente la batería del monitor, y durante esa media hora el Chico se siente íntimamente conectado a los demás millones de delincuentes sexuales, jóvenes, viejos y de otras edades...todos los cuales han conectado sus tobilleras electrónicas a contactos y están sentados en alcobas, salas y sótanos de casas, apartamentos y remolques, en estacionamientos, refugios de indigentes, parques públicos, aeropuertos, estaciones de tren, salas de espera, oficinas, en las trastiendas de restaurantes de comida rápida, bajo pasos a desnivel y puentes peatonales —como si todos ellos fueran hojas temblorosas en las ramas grandes y pequeñas de un vasto árbol eléctrico cuya sombra cubriera todo el país—”.
...y tiren la llave
Las diversas leyes estatales y federales de “confinamiento civil” que se han aprobado desde 1990 son una burla de la noción de “cumplir tu sentencia” y de la pretendida rehabilitación. Por ejemplo, la “Ley Adam Walsh de Protección y Seguridad de los Niños” de 2006 posibilita la detención indefinida de cualquier prisionero federal —incluso si nunca ha sido convicto de ningún delito sexual— que haya cumplido su sentencia pero sea considerado mentalmente “anormal” y se crea probable que cometa algún delito sexual en el futuro.
En el artículo “When the Feds Decide Who’s Sexually Dangerous” [Cuando los federales deciden quién es sexualmente peligroso], publicado en The Atlantic (20 de mayo de 2010), Wendy Kaminer señala: “Quienes confían en la burocracia federal y creen que los funcionarios usarán su poder adecuadamente, con imparcialidad y buena fe, pueden sentirse protegidos por él; a los demás debe preocuparles que el gobierno pueda detener ciudadanos indefinidamente, sin juicios con jurado, basándose en especulaciones sobre su futura peligrosidad”. Díganselo a los prisioneros de Guantánamo.
Bajo algunas leyes estatales, los sometidos a confinamiento civil pueden tener derecho a un proceso ante un juez, pero no a un juicio con la posibilidad de preparar una defensa. La mayoría no recibe “tratamiento” y prácticamente nadie obtiene algo de él. ¡Incluso se dio el caso de un hombre de Wisconsin de 102 años que no pudo someterse a tratamiento por fallas en la memoria y problemas de oído!
Hasta 2007, dos mil 700 hombres estaban recluidos en centros de confinamiento civil. Para escapar de las garras de estas instituciones penales/“terapéuticas” en las que se encuentran sepultados, algunos prisioneros incluso solicitan ser castrados, como lo relata el artículo “The Science of Sex Abuse” [La ciencia del abuso sexual] de Rachel Aviv (The New Yorker, 14 de enero de 2013). La primera persona detenida bajo la Ley Adam Walsh, Graydon Comstock, cuestionó la legislación en un caso ante la Suprema Corte en 2010. Aviv observa: “Para cuando el caso fue atendido, cuatro años después de que la sentencia criminal de Comstock expirara, él tenía ya 67 años y padecía del corazón, de diabetes e incontinencia. Ya dos veces había solicitado ser castrado, creyendo que la operación ayudaría en su caso, pero se le dijo que no estaba médicamente justificada”. En años recientes, la Suprema Corte ha refrendado diversos estatutos del confinamiento civil.
El poderoso análisis de Aviv de los horrores del confinamiento civil gira en torno al caso real de un soldado solitario llamado John, que se hizo amigo en un chat room de “Indy-Girl”. Sí, era un policía encubierto. El soldado, invitado a un tentador picnic al aire libre, rápidamente fue capturado por la Unidad Militar de Investigaciones y el FBI. John fue sentenciado a 53 meses en una prisión federal por poseer pornografía infantil y por “usar Internet para inducir a un menor a tener sexo”. Pero entonces fue cuando empezaron sus verdaderos problemas.
Tras salir en libertad condicional, John recayó y volvió a mirar pornografía con menores, por lo que rápidamente fue sentenciado a otros dos años en prisión. Seguía preso cuando el Congreso aprobó la Ley Adam Walsh, por lo que se le transfirió a una prisión médica de Massachusetts y, sin audiencia legal, se determinó que era de “alto riesgo”. Así pasaron cuatro años. En 2011 comenzó su audiencia de confinamiento civil. Al año siguiente, un juez dictaminó que John era demasiado peligroso para ser liberado y lo condenó a un “confinamiento terapéutico” indefinido en el sistema carcelario federal. Desde entonces sigue en ese limbo, donde una “terapia” diaria lo alienta a declarar cada vez más historias fantasiosas para ganarse la aprobación de los siquiatras, historias que sólo contribuyen a incriminarlo. Vivir en una tienda de campaña bajo un puente parece un destino preferible.
Nuevas brujas, nuevos inquisidores
En Estados Unidos, con su vena profundamente puritana y su insidioso racismo, la combinación de sexo y raza siempre ha sido usada como medio de control social. El mito del hombre negro depredador acosando a mujeres y niños blancos se conjuró para mantener aterrorizada a la población negra cuando la ley linchadora imperaba en el Sur de Jim Crow. Con frecuencia se ha recurrido a leyes antisexo para poner a hombres negros tras las rejas, incluyendo a celebridades como el boxeador Jack Johnson en 1912 y a Michael Jackson en 1994 y de nuevo diez años después.
Las cruzadas antisexo fueron una de las armas que se usaron para revertir las conquistas de las luchas por los derechos civiles y para apagar el descontento social de los años sesenta y principios de los setenta, especialmente el provocado por la Guerra de Vietnam. Tras tomar posesión en 1977, el gobierno demócrata de Jimmy Carter desató un asalto de reacción social interna mientras llevaba a la Casa Blanca el fundamentalismo religioso de los “renacidos”. Bajo el lema de los “derechos humanos” lanzó también la Segunda Guerra Fría del imperialismo estadounidense con el objetivo de destruir a la Unión Soviética.
La siguiente década presenció una de las cacerías de brujas más terribles y peculiares de la historia estadounidense: la histeria respecto al “abuso satánico” en las guarderías, que le arruinó la vida a cientos de hombres, mujeres y niños. El auge de esta cacería de brujas, que se extendió hasta principios de los años noventa, coincidió con la reacción reaganista —la cual, entre otras cosas, intentó enviar a las mujeres de vuelta a los hogares—. Se recortaron los fondos para el bienestar social y otros programas sociales, como las guarderías y preescolares para madres trabajadoras, provocando enormes dificultades y daños a las mujeres y los niños. El pánico del “abuso satánico” sirvió para encubrir un abuso real por parte del gobierno.
En el juicio más largo de la historia estadounidense, que se extendió de 1986 a 1990, el caso de la escuela preescolar McMartin, los niños testigos contaron historias de sacrificios animales, orgías, pasadizos secretos, mutilación de cadáveres y otras ficciones. El caso comenzó en 1983, y para el año siguiente el gran jurado había reunido 354 declaraciones que implicaban hasta 369 supuestas víctimas, mientras la policía anunciaba una enorme conspiración criminal. Más de 70 personas fueron condenadas injustamente. Mientras tanto, decenas de otros casos de “satanismo” barrieron el país, desde el condado de Kern en California, hasta Fells Acres en Massachusetts y la guardería Little Rascals de Carolina del Norte. En estos casos no se encontró evidencia alguna. Los acusados eran completamente inocentes, como señalamos entonces (a diferencia de prácticamente todo el resto de la izquierda) al defender a los trabajadores de las guarderías. Los Friedman fueron arrestados en medio de esa cacería de brujas.
Los liberales y feministas burgueses ayudaron a impulsar esa locura. Aunque se presentan como protectores de las mujeres y los niños, su remedio es pedirle al estado leyes más numerosas y más duras, así como más vigilancia policiaca. La versión más extrema de esa misma política fue el libro de 1975 de Susan Brownmiller, Against Our Will [Contra nuestra voluntad], famoso por su aseveración de que la violación es la principal forma en que todos los hombres controlan a todas las mujeres. Su propuesta: más mujeres policías.
En los años setenta y ochenta, los florecientes escuadrones de dios, dirigidos por gente como el fundamentalista católico Patrick Buchanan y el líder de la Mayoría Moral Jerry Falwell, se movilizaban contra el aborto y declaraban que el sida era un castigo de dios a los gays. Mientras los fanáticos de derecha sitiaban las clínicas de aborto, los feministas apuntaban contra la pornografía y un imaginario abuso satánico. Al impulsar este programa antisexo, los “progresistas” entablaron una alianza temporal con los evangélicos.
El estado respondió gustoso. En 1974, el demócrata Walter Mondale promovió la Ley de Prevención y Tratamiento del Abuso Infantil, que obligaba a los terapeutas, maestros y trabajadores sociales a informar a la policía de cualquier indicación de abuso. Así, se suponía que cientos de miles de educadores y trabajadores sociales actuarían como auxiliares de la maquinaria de represión del estado capitalista. En los años ochenta, el procurador general de Reagan, Edwin Meese, lanzó una gran campaña contra la pornografía, con bastante ayuda de sus aliados liberales. Con Internet, las cosas no hicieron sino empeorar. En los últimos quince años, las sentencias federales por posesión de pornografía infantil han aumentado en extensión más de 500 por ciento y pueden ameritar hasta cadena perpetua, la sentencia que suele darse al homicidio en primer grado.
Entre las feministas más prominentes que impulsaban las reaccionarias campañas antiporno estaba la fundadora de la revista Ms., Gloria Steinem, quien empezó su carrera como informante de la CIA. La despreciable Steinem también se subió con furor al tren del ritual satánico y la memoria reprimida. A mediados de los ochenta financió una excavación que los padres de familia de la escuela preescolar McMartin realizaron en busca de los (inexistentes) túneles y calabozos de los que habían hablado sus hijos bajo coerción. En 1993, Ms. salió con el encabezado: “El abuso ritual de las sectas existe —¡Créanlo!”.
En 1995, Steinem narró el documental de HBO The Search for Deadly Memories. Los apócrifos “recuerdos recuperados” de abuso cumplieron una función perniciosa en numerosos casos. Estos “recuerdos reprimidos”, como los llaman los trabajadores sociales fraudulentos, son la versión secular liberal de la histeria religiosa. Como materialistas convencidos, no nos lo creímos. Como señalamos en “Satan, the State and Anti-Sex Hysteria”, las técnicas que supuestamente revelan traumas reprimidos han demostrado ser excelentes para inducir recuerdos falsos, especialmente en niños pequeños y susceptibles. En ocasiones, es la policía quien implanta los supuestos recuerdos en el curso de los interrogatorios, como ocurrió en el caso Friedman. Los traumas verdaderos realmente trauman a la gente, que tiende a recordarlos.
El sexo, el matrimonio y la familia
¿Cómo es que la expansión de la tolerancia (salvo en reaccionarios endurecidos y fanáticos religiosos) respecto al matrimonio gay puede coexistir con una implacable cacería de brujas antisexo? Esto se debe a que el matrimonio, un contrato legal, es uno de los principales sostenes sociales del estado burgués. En una presentación el pasado mayo, David Thorstad, quien en 1978 estuvo entre los fundadores de la North American Man/Boy Love Association (NAMBLA), señaló la desbandada del movimiento radical gay:
“El anterior desafío a la heterosupremacía, dirigido a liberar la sexualidad reprimida de todos, ha sido remplazado por un enfoque conservador y convencional por la aceptación de la sociedad capitalista heterosupremacista. Donde esto es más obvio es en la búsqueda del matrimonio y la participación abierta en instituciones opresivas como el ejército, así como los llamados a fortalecer las fuerzas represivas del estado mediante las leyes contra los llamados crímenes de odio”.
Así, en la búsqueda de la respetabilidad burguesa, las marchas del orgullo gay acogen contingentes de policías gays, cuyo trabajo incluye el arresto de “delincuentes sexuales”. Mientras tanto, los organizadores de las marchas vetan a organizaciones como NAMBLA, que llama por la despenalización de las relaciones consensuales entre hombres adultos y menores de edad.
A diferencia de los feministas, el establishment gay y, asquerosamente, la mayor parte de la izquierda “socialista”, nosotros siempre hemos defendido a NAMBLA y a sus miembros tanto de la represión estatal como de la victimización por parte de los patrones. Se trata de algo más que una cuestión de “libertad de expresión”. Muchísimos jóvenes, torturados y confundidos por sus propios sentimientos, en conflicto con la severidad represiva de esta sociedad, encontrarían reconfortante hablar de estas cosas con personas más experimentadas, como lo han hecho generaciones anteriores. En esta época, sin embargo, tener cualquier tipo de intimidad intergeneracional es jugar con fuego.
En un artículo titulado “Youth, Sexuality and the Left” [Juventud, sexualidad y la izquierda], Sherry Wolf de la International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional) se sumó al linchamiento de Thorstad acusándolo de ser “el más constante y sonoro defensor de la pederastia en la izquierda” (socialistworker.org, 2 de marzo de 2010). Conservando la premisa reaccionaria de las leyes de la edad de consentimiento, Wolf cita su libro Sexuality and Socialism: History, Politics and Theory of LGBT Liberation [Sexualidad y socialismo: Historia, política y teoría de la liberación LGBT]: “Es incongruente que un niño dé verdadero consentimiento, libre de la desigualdad de poder, a un hombre de 30”. El artículo de Wolf continúa: “En nuestra sociedad, los adultos y los niños no se enfrentan como iguales en lo emocional, lo físico, lo social o lo económico. Los niños y los adolescentes más jóvenes no tienen la madurez, la experiencia ni el poder necesarios para tomar decisiones verdaderamente libres en sus relaciones con los adultos. Sin ello, no puede haber verdadero consentimiento”.
No importa que la mayoría de las relaciones entre adultos no cumpla con este criterio de consentimiento. En cuanto a la afirmación de Wolf de que “los adolescentes maduran a distintas edades”, ¿quién debe determinar la edad adecuada para la actividad sexual en una especie en la que esta edad ha estado, durante el 99 por ciento de su existencia, muy por debajo de la supuesta “edad de consentimiento” de la actualidad? Bajo el inhumano status quo capitalista, se asume que es el estado. Para los comunistas, es el ABC el oponernos a la intervención del gobierno en la vida privada de la gente y defender a cualquier grupo que luche por aumentar la libertad en las relaciones sexuales. Esto es una expresión del ideal de la vanguardia leninista como tribuno del pueblo. La ISO y cía. bailan a un son diferente, acomodándose a los valores burgueses y a la cacería de brujas contra aquéllos cuyas proclividades sexuales se consideran verboten [prohibido, en alemán en el original].
En El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884), Friedrich Engels rastreó el surgimiento simultáneo de la familia y el estado como medios que la clase propietaria usó para consolidar y reproducir su poder cuando emergió de la sociedad humana primitiva. La monogamia de la esposa era necesaria para asegurar la paternidad para la transmisión hereditaria de la propiedad. Actualmente, la familia sigue siendo la principal fuente de opresión de la mujer. A los niños, la familia debe imbuirles la sumisión y el respeto por la autoridad, lo que frecuentemente engendra frustración y violencia. Como escribimos en “Satan, the State and Anti-Sex Hysteria”: “Las proclividades sexuales de las especies gregarias de mamíferos, como la nuestra, claramente no encajan con la rígida monogamia heterosexual que constituye el fundamento ideológico de la institución de la familia, reforzada por la religión organizada”.
La mayor parte del terrible daño que se inflige a los jóvenes y las mujeres tiene lugar en el seno de la familia. Sin embargo, en esta sociedad capitalista, la familia suele ser lo único que le queda a uno. Son escasos los servicios alternativos que la sociedad provee para criar a los hijos o cuidar a los enfermos y a los ancianos.
El fanatismo antisexo y la perversa persecución estatal persistirán mientras imperen la propiedad privada y la producción por ganancias. El estado capitalista no puede ser reformado para que sirva a los intereses de los explotados y los oprimidos. Debe ser barrido y sobre sus ruinas debe erigirse un estado obrero basado en la expropiación de los medios de producción. Para erradicar la opresión de la mujer y de los homosexuales, se requiere construir una sociedad socialista donde las funciones de la familia sean colectivizadas —guarderías y cocinas comunales, atención médica gratuita y de calidad, etcétera— liberando a la mujer de la carga de la crianza de los niños y de la esclavitud doméstica. En cuanto a lo que una sociedad racional conservaría de las relaciones sexuales, y de las relaciones sociales en general, los marxistas compartimos la amplitud de la visión que expresó el fallecido Gore Vidal (a quien tanto echamos de menos) en su artículo “Pink Triangle and Yellow Star” (Triángulo rosa y estrella amarilla, The Nation, 14 de noviembre de 1981):
“Cualquiera que sea el arreglo al que llegue la sociedad del futuro, debe reconocerse que los niños que lo necesiten serán criados con bastante más cuidado que hoy, y que a los adultos que no deseen ser padres ni madres debe dejárseles en paz”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/40/delincuentes.html
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2016.06.05 09:21 ShaunaDorothy Moralismo antisexo en la izquierda - Maoístas beatos (Junio de 2013)

https://archive.is/JoSkZ
Espartaco No. 38 Junio de 2013
Moralismo antisexo en la izquierda
Maoístas beatos
(Mujer y Revolución)
El siguiente artículo ha sido traducido de las páginas juveniles, Young Spartacus, de Workers Vanguard No. 1020 (22 de marzo), periódico de nuestros camaradas de la Spartacist League/U.S.
Bob Avakian, dirigente del Revolutionary Communist Party (RCP, Partido Comunista Revolucionario) ha ordenado a sus acólitos que vuelvan a emprender la carga contra Playboy, las tiendas de pornografía, los table dance, Xtube y Cincuenta sombras de Grey, todos ellos declarados anatema. Estos maoístas puritanos, cargados de moralismo reaccionario en nombre de los “valores familiares”, han dado un giro escandaloso con su campaña “End Pornography and Patriarchy: The Enslavement and Degradation of Women” [Poner fin a la pornografía y el patriarcado: La esclavitud y degradación de las mujeres].
Desde 2012, el RCP ha utilizado vilmente el Día Internacional de la Mujer, una celebración proletaria, como plataforma para marchar en Nueva York y otras ciudades, denunciando los espectaculares que “tratan a las mujeres como objetos” y protestando contra las sex shops y los table dance locales. Puede verse a los miembros del RCP, en estrecha competencia con los cristianos evangélicos, repartiendo tarjetitas en las esquinas y las universidades con la orden “DEJA DE VER PORNO” porque “corrompe la humanidad de los que lo ven”. Los evangelizadores del RCP son bien conocidos por instar a los hombres que luchan por los derechos de las mujeres (por ejemplo, en las guardias de las clínicas de aborto o en manifestaciones por el derecho al aborto) a que confiesen sus hábitos anteriores de consumo pornográfico y no vuelvan a pecar.
La esencia de la campaña, dirigida por la portavoz del RCP Sunsara Taylor, está detallada en un “Llamado a la acción” de 2011. En este llamado afirman absurdamente que las imágenes pornográficas son la causa de violaciones, asesinatos y otros crímenes violentos contra las mujeres. Afirman que existe una “cultura de violación y pornografía” que refuerza “la esclavitud y la degradación de las mujeres”.
Siempre al tanto de los últimos acontecimientos, afirman que la cultura estadounidense se ha “pornificado” recientemente, ¡como evidencian el fenómeno nacional del (¡gulp!) “sexting” entre los adolescentes y la popularidad entre las mujeres de las clases de baile de tubo (pole dancing) en los gimnasios! Debajo de esta estupidez condescendiente y su mentalidad puritana y moralizante se encuentra la vieja basura de que “las mujeres son víctimas y es imposible que disfruten del sexo” (o del porno). Para esta policía moral neovictoriana, las “nuevas” transgresiones del porno incluyen el depósito de fluido seminal en el rostro de una dama, la penetración de orificios en un orden que no es del agrado del RCP y otras prácticas sexuales que denuncian en escabroso detalle.
¿Cuán pirado hay que estar para determinar (con gran precisión, faltaba más) cuáles posiciones, órganos, orificios y/o intercambios de fluidos son degradantes y abusivos y cuáles están basados en cambio en “el amor y el respeto mutuos”? Bastante, sin duda. De hecho, lo verdaderamente obsceno de todo esto son las declaraciones de Bob Avakian acerca de qué es “normal” y qué no. Si lo mantuvieran entre ellos, en sus casas de oración mientras su membresía se arrodilla frente al altar embrutecedor de los documentales de más de seis horas con los sermones de Avakian, no sentiríamos necesidad de comentar al respecto. El proselitismo del RCP, sin embargo, le hace el juego directamente a la muy real cacería de brujas antisexo del muy real estado capitalista.
Despotricando contra la pornografía, Avakian trivializa no sólo el aterrador crimen de la violación, sino también la historia racista estadounidense de asesinatos de gente negra a manos del Ku Klux Klan. Refiriéndose a las postales fotográficas de linchamientos que los partidarios del KKK circulaban a principios del siglo XX, Avakian afirma escandalosamente que la pornografía es “el equivalente de las ‘Postales de la horca’. Es un medio para minimizar y degradar a todas las mujeres”. Estas palabras inspiraron a los partidarios de Avakian a producir un póster grotesco que traza un equivalente entre las imágenes de los linchamientos racistas y las fotos pornográficas ¡e incluso una publicidad de Dolce & Gabbana! Esto demuestra una indiferencia despectiva hacia el terror del KKK, y no hace falta ser un marxista para sentirse completamente asqueado.
La reaccionaria campaña antisexo, que argumenta que la opresión de la mujer se debe a los “pensamientos impuros” y no al sistema capitalista de explotación, no podría estar más lejos del objetivo de liberar a las mujeres. ¡Traten de decirles a las mujeres de Arabia Saudita e Irán —donde la pornografía es ilegal— que su opresión se deriva de videos y revistas porno! La pornografía simplemente consta de imágenes y palabras destinadas a entretener. Refleja, y no hace más que reflejar, una parte del comportamiento humano. En esta sociedad capitalista, violenta e irracional, algunos de esos reflejos no son nada agradables. Pero no se puede transformar la sociedad cambiando las imágenes en una pantalla. Sólo la revolución socialista puede sentar la base económica para remplazar la institución de la familia —la principal fuente de opresión de la mujer— y garantizar auténtica libertad para las mujeres.
El RCP capitula al extendido atraso religioso que obliga a los jóvenes a sentir vergüenza, humillación, desprecio contra sí mismos y terror traumatizante como consecuencia de actividades que de otro modo serían consideradas placenteras. Arremedando al Vaticano, durante años el RCP llamó por “relaciones monógamas estables entre hombres y mujeres”. Incluso ahora lamentan el que los hombres “eviten o retrasen el matrimonio” y “busquen en cambio...gratificación sexual sin obligaciones, en encuentros casuales o a través de la pornografía y la prostitución” (“A Declaration: For Women’s Liberation and the Emancipation of All Humanity” [Una declaración: Por la liberación de la mujer y la emancipación de la humanidad entera], Revolution, 8 de marzo de 2009).
El RCP acompaña sus diatribas contra el porno con la consigna “¡Aborto para quien lo solicite y sin disculpas!”. Pero, en los hechos, esta organización hace causa común con aquéllos cuyo máximo deseo es la destrucción de Roe vs. Wade [la resolución judicial que hizo legal el aborto en Estados Unidos]. La campaña antiporno del RCP es notoriamente similar a la promesa de Michele Bachmann (del Tea Party Republicano) en 2011 de otorgar “protección humanitaria a las mujeres y a los frutos inocentes de la intimidad conyugal...contra el tráfico de personas, la esclavitud sexual, la seducción de la promiscuidad y todas las formas de pornografía, prostitución, infanticidio, aborto y otras formas de coerción e inocencia robada... Que Dios nos proteja”.
¡Gobierno fuera de las recámaras!
La sexualidad es personal, no política. Los que politizan la sexualidad son los gobernantes capitalistas, victimizando a aquéllos que se apartan de sus mandatos. Al tiempo que hacen llover muerte sobre los jóvenes afganos y pakistaníes, los gobernantes de EE.UU. están desatados en casa tratando de reglamentar la vida sexual de las personas en nombre de “proteger a los niños”. Por ejemplo: deteniendo adolescentes por distribución de “pornografía infantil” y de “materiales obscenos a menores” cuando coquetean intercambiando imágenes de ellos mismos desnudos; arrestando a los adultos que tienen relaciones con adolescentes; encarcelando a miles de hombres que ven imágenes clasificadas como pornografía infantil o que intercambian mensajes sexuales en los chats con jóvenes (o policías encubiertos haciéndose pasar por tales). El porno no destruye vidas, pero formar parte de un registro de criminales sexuales de por vida seguramente sí. ¡Abajo con las reaccionarias leyes antisexo! ¡Gobierno fuera de las recámaras!
Como dice el dicho en inglés: “La perversión no es más que lo que a ti no te atrae”. No es asunto de nadie más cómo le hace la gente para disfrutar un poco del sexo en esta existencia capitalista por lo demás miserable. Nos oponemos a todos los intentos puritanos de censurar la pornografía. De igual modo, nos oponemos a todas las leyes contra los “crímenes sin víctimas”, como la prostitución, el uso de drogas y las leyes de “edad de consentimiento”. Abogamos por el concepto del consentimiento efectivo, es decir, que mientras todas las partes involucradas estén de acuerdo en participar en algo, nadie más, y mucho menos el estado, tiene derecho a decirles que no pueden hacerlo.
Y, según el RCP, ¿quién va a imponer su campaña de abstinencia antiporno? En su “Llamado a la acción” explican en letras chiquitas que (¡desde luego!) no buscan establecer nuevas leyes para prohibir la pornografía. Pero hablar no cuesta nada. Una organización que no sólo no combate la censura, sino que incluso la promueve, es un peón del estado. Después de protestar contra una tienda de pornografía, el RCP y sus partidarios no pueden regresar al día siguiente a protestar contra su clausura por parte del estado y la reacción religiosa. Ya tomaron lado.
El Presidente Bob la reconoce cuando la ve
¿Dónde está la línea de lo que es demasiado “obsceno” para ser permitido? Como Potter Stewart, el juez de la Suprema Corte de EE.UU. que emitió su opinión sobre la pornografía en un caso de 1964, el Presidente Bob la reconoce cuando la ve. Con respecto a la lencería femenina —en particular las tangas— su reacción fue similar; su prensa las describe como “símbolos horrendos y encarnaciones de la degradación de la mujer” en la misma línea que las burkas. ¡Las burkas! Hace unos años, el RCP organizó una gira de presentaciones con el título “De la burka a la tanga”, donde afirmaban que la burka, un símbolo de opresión e instrumento de la reacción religiosa, era igual a una delgada pieza de ropa interior que muchas mujeres (y de hecho algunos hombres) disfrutan usar.
Estas tonterías le deben mucho al feminismo que, desde hace décadas, viene haciendo causa común con la derecha religiosa en una variedad de campañas para censurar la pornografía. Con sus llamados a “Poner fin al patriarcado”, el RCP despreciablemente le hace el juego a los feministas, promoviendo la noción idealista de que el cambio social se obtiene con persuasión moral y no con la lucha de clases. Contrario a la impresión generalizada, el feminismo no significa la liberación de la mujer. En cambio, traza la línea divisoria de la sociedad entre los géneros y no entre las clases y busca que las mujeres avancen hasta tener una mayor participación en el gobierno y las corporaciones en la cima del represivo sistema capitalista. La ideología burguesa del feminismo es un obstáculo a la verdadera emancipación de las mujeres.
En línea con su deshonrosa herencia maoísta-estalinista, el RCP promueve la familia. En la década de 1970, el RCP, entonces llamado Revolutionary Union (RU), denunciaba la homosexualidad —junto con la pornografía y la promiscuidad— como una enfermedad de la sociedad capitalista y prohibía la entrada de gays y lesbianas a su organización. Los predecesores del RCP escribieron en su declaración de 1974, “Position Paper of the Revolutionary Union on Homosexuality and Gay Liberation” [Declaración de posición de la Revolutionary Union con respecto a la homosexualidad y la liberación gay]: “La liberación gay es antiobrera y contrarrevolucionaria. Sus ataques contra la familia despojarían a los pobres y la clase obrera de la unidad social más viable para su lucha revolucionaria contra el sistema imperialista” (ver “RU on Homosexuals: Malicious Maoist Bigotry” [El RU sobre los homosexuales: Maliciosa intolerancia maoísta], Young Spartacus No. 26, noviembre de 1974). A esto siguieron sus diatribas en la década de 1980 contra el supuesto “estilo de vida autoindulgente” de los hombres homosexuales, entre otras muchas prácticas contra las que objetaban fuertemente, incluidos el sexo casual y la pornografía.
Para principios del siglo XXI, el RCP parece haber descubierto que sería difícil reclutar jóvenes activistas si seguía sonando como el fanático Rick Santorum [precandidato presidencial republicano en 2012]. En consecuencia, el RCP repudió su prohibición contra los homosexuales. Como hicimos notar más tarde en nuestro artículo “RCP: Anti-Gay Moralists Then and Now” [El RCP: Moralistas antigay de ayer y hoy] (WV No. 947, 20 de noviembre de 2009): “El actual entusiasmo del RCP por el matrimonio homosexual parece tener más que ver con su entusiasmo por forzar a la gente a entrar en la institución atrofiante del matrimonio monógamo, que con cualquier tipo de oposición a la opresión de los homosexuales”.
La posición en su Nuevo Borrador de Programa de 2001 puede haber marcado un cambio de línea, pero no un cambio de opinión. Hoy en día no ven “a la orientación homosexual o a la práctica de la homosexualidad en sí como algo que impida la emancipación de la mujer”. Y agregan: “La cultura gay masculina en la sociedad burguesa no se desvía del derecho masculino —y de hecho hay elementos de ésta que lo concentran—”. Palabra de Nuestro Señor Avakian: las relaciones homosexuales entre hombres siguen siendo demostraciones de machismo.
Hoy día, el RCP participa en la forma socialmente aceptada de intolerancia fanática contra los homosexuales: difamar a la North American Man/Boy Love Association (NAMBLA) como “abusadores de niños”. NAMBLA es una organización que llama por la despenalización de las relaciones sexuales consensuales entre hombres adultos y menores de edad (por ejemplo, el romance entre el galán televisivo Brian Kinney y un estudiante de secundaria en la primera temporada de la serie “Queer as Folk”).
La histeria contra la pedofilia es utilizada por el estado para justificar las más grotescas intervenciones en la vida privada de la gente —y especialmente para reglamentar el comportamiento de la juventud—. De manera despreciable, la enorme mayoría de las organizaciones gay y los grupos de izquierda se rehúsan a defender a NAMBLA, dejándola a merced del estado capitalista. En la Spartacist League estamos orgullosos de nuestra historia de defensa de NAMBLA y de oposición a las leyes de “edad de consentimiento” y todas las leyes que limiten la privacidad y la libertad sexual de los individuos que consienten.
Como dice la estrella porno Nina Hartley: “El deseo sexual es, por su naturaleza, desordenado, caótico, transgresivo y rompe barreras”. Hace ya más de 50 años, el doctor Alfred C. Kinsey desacreditó el mito prevaleciente de que las relaciones monógamas heterosexuales eran la norma en la sociedad. Después de entrevistar a casi 18 mil personas, su equipo demostró con un detalle irrefutable que 19 de cada 20 estadounidenses habían roto al menos una ley (adulterio, sodomía, etc.) al tener sexo. Aunque ya no abarcan una serie tan amplia de prácticas, las leyes antisexo de la actualidad siguen teniendo el propósito de restringir la sexualidad de la gente y de castigar cruelmente las transgresiones (ver “En defensa del sexo y la ciencia”, Espartaco No. 24, verano de 2005).
La familia: Principal fuente de opresión de la mujer
El RCP sigue los preceptos del líder chino Mao Zedong, que no sólo impulsaba el dogma nacionalista de construir el “socialismo en un solo país” sino que además promovía a la familia como un instrumento ideológico para apuntalar el dominio de la casta burocrática. La Revolución de 1949 contra el capitalismo transformó vidas y proporcionó oportunidades sin precedentes para las mujeres chinas que, en los tiempos anteriores a la revolución, apenas eran consideradas seres humanos. Sin embargo, permaneció, como lo puso el dirigente bolchevique León Trotsky en La revolución traicionada (1937) al describir a la burocracia soviética, la “filosofía de cura que dispone, además, del puño del gendarme”. Bajo el régimen de Mao, el divorcio era difícil de obtener, el sexo premarital era un crimen, la homosexualidad era vista como una “enfermedad” y se advertía en contra de la masturbación en los manuales de higiene distribuidos masivamente (ver “Maoism and the Family” [El maoísmo y la familia], Women and Revolution No. 7, otoño de 1974).
La ideología maoísta es el legado del estalinismo en la antigua Unión Soviética. La URSS emergió de una revolución obrera victoriosa en 1917 (a diferencia de China, donde un ejército campesino bajo las órdenes de Mao dirigió la revolución). Después de la contrarrevolución política de 1924 que usurpó el poder de manos de la clase obrera, la burocracia estalinista mantuvo y reforzó su dominio de casta parasitaria promoviendo el conservadurismo social y el respeto a la autoridad. Los burócratas desenterraron la vieja ideología burguesa del chovinismo gran ruso y el culto a la familia.
La glorificación estalinista-maoísta de la familia está totalmente contrapuesta a la lucha de V.I. Lenin y los bolcheviques por la liberación de la mujer, y a la historia entera del movimiento marxista. En El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884), Friedrich Engels explica que la familia patrilineal monógama “Se funda en el predominio del hombre; su fin expreso es el de procrear hijos cuya paternidad sea indiscutible”. Bajo el capitalismo, la familia sigue siendo la principal fuente de opresión de la mujer y es crucial para asegurar que la propiedad burguesa sea transmitida de una generación a la siguiente a través de herederos “legítimos”.
Para la clase obrera, la familia nuclear implica procrear y criar a la siguiente generación de esclavos asalariados para la clase dominante, el tedio del trabajo doméstico, el cuidado de los ancianos y los enfermos, al igual que la impartición de la moral y la ideología burguesas necesarias para reforzar la obediencia a la autoridad. Es por eso que cualquier desviación, desde los derechos de los homosexuales hasta el derecho al aborto, es percibida como una amenaza contra la familia.
La opresiva institución de la familia no puede ser simplemente abolida. Es necesario remplazar a la familia como unidad económica y legal, como parte de la transición a una sociedad comunista sin clases. A través de la creación de instituciones alternativas que llevarían a cabo en forma colectiva el trabajo que actualmente hacen las mujeres en el hogar, aspiramos a emancipar a las mujeres del interminable tedio (como niñeras, cocineras, lavanderas, limpiadoras, etc., de tiempo completo) y del aislamiento social, cultural y político que les impone la estructura familiar. Para lograr esto, la clase obrera, con las mujeres como componente crucial, debe destruir el estado burgués y sentar las bases para una economía colectivizada y planificada. ¡Por la liberación de la mujer mediante la revolución socialista!
Tanto los obreros como las obreras sufren diariamente la violencia de la explotación capitalista: pobreza, hambre, enfermedades que no son atendidas, la falta de vivienda y el trabajo alienante. Pero el santurrón RCP quisiera hacernos creer que el principal problema que enfrenta la sociedad actualmente es la oposición entre mujeres “convertidas en objetos” y sus hermanos de clase que supuestamente “corrompen su humanidad” al disfrutar de imágenes que el Presidente Bob y Sunsara Taylor desaprueban.
Durante su (difunta) campaña World Can’t Wait [El mundo no puede esperar], la línea divisoria del RCP era entre el régimen supuestamente “fascista” de Bush y el mundo entero que no podía esperar a sacarlo de la presidencia para poner a los demócratas. Ahora tienen el mundo por el que lucharon: el dominio capitalista ejercido por el otro partido del enemigo de clase. ¿Y cuál es el resultado de los esfuerzos del RCP? Dos millones de personas que se pudren en las prisiones, 1.5 millones de inmigrantes deportados y miles de muertos en los ataques de los drones de Obama.
El denominador común es que el oportunista RCP, carente de cualquier tipo de brújula obrera, busca fuerzas de clase ajenas: por aquí el partido capitalista del enemigo de clase, por allá el ala antisexo de los feministas pequeñoburgueses, en todas partes la masa amorfa que llaman “el pueblo”. El RCP está listo para aceptar a quien sea o lo que sea excepto un eje proletario de clase. Mientras el RCP persiste con sus campañas reformistas y puritanas, la Spartacist League y sus auxiliares juveniles, los Spartacus Youth Clubs, llevan adelante la lucha programática por la liberación de la mujer mediante la revolución socialista.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/38/antisexo.html
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